Escuchamos en numerosas ocasiones hablar de la necesaria integración de los emigrantes. Dicen que la integración es positiva porque favorece la convivencia entre emigrantes y ciudadanos del país de acogida. Supongo que, como en todo, en el término medio estará la virtud: integración suficiente para favorecer la convivencia y también para que el emigrante no pierda completamente (si así lo decide) aquellas señas de identidad que le son propias.
¿Queréis un ejemplo de integración? En Granada, es mañana de domingo, un chaval africano (o subsahariano, o negro - usen el adjetivo que menos les incomode-) vendía paraguas en los soportales de una calle de Granada.
¿Queréis un ejemplo de integración? En Granada, es mañana de domingo, un chaval africano (o subsahariano, o negro - usen el adjetivo que menos les incomode-) vendía paraguas en los soportales de una calle de Granada.
Antes de que comenzara la lluvia, los paraguas costaban 5 euros. Cuando empezó a llover (con cierta intensidad) los paraguas cambiaron de precio: 7 euros. La lluvia continuó hasta hacerse torrencial y, claro, el muchacho continuó vendiendo paraguas. Cuatro o cinco personas se agolpaban continuamente a su alrededor. Cuando quedaban unos pocos paraguas su precio varió de nuevo: pasó a ser de 10 euros.
Integración y adaptación, en este caso a las leyes del mercado y a los principios básicos del capitalismo. Es la ley de la oferta y de la demanda. Nos podemos congratular y decir, sin temor a equivocarnos, que este señor está felizmente adaptado. Y además, hoy, se fue pronto a su casa y con sus buenos euros en el bolsillo. ¡¡¡Ole por él!!!
Fotografía: El vendedor de paraguas
Autor: Landahlauts