viernes, mayo 13

Casas que se venden solas....

Banco Mare Nostrum

«CajaGranada transferirá todo su negocio financiero al Banco Mare Nostrum. En el mismo figura gran parte de su patrimonio, como la sede central, la red de más de 400 oficinas o el Edificio Colón...»
Fotografía: Banco Mare Nostrum 
Autor: Landahlauts

Granada: Paraíso cerrado para muchos

Carril de la Lona

Granada ama lo diminuto. Y en general toda Andalucía. El lenguaje del pueblo pone los verbos en diminutivo. Nada tan incitante para la confidencia y el amor. Pero los diminutivos de Sevilla y los diminutivos de Málaga son ciudades en las encrucijadas del agua, ciudades con sed de aventura que se escapan al mar. Granada, quieta y fina, ceñida por sus sierras y definitivamente anclada, busca a sí misma sus horizontes, se recrea en sus pequeñas joyas y ofrece en su lenguaje diminutivo soso, su diminutivo sin ritmo y casi sin gracia, si se compara con el baile fonético de Málaga y Sevilla, pero cordial, doméstico, entrañable. Diminutivo asustado como un pájaro, que abre secretas cámaras de sentimiento y revela el más definido matiz de la ciudad. El diminutivo no tiene más misión que la de limitar, ceñir, traer a la habitación y poner en nuestra mano los objetos o ideas de gran perspectiva. Se limita el tiempo, el espacio, el mar, la luna, las distancias, y hasta lo prodigioso: la acción. No queremos que el mundo sea tan grande ni el mar tan hondo. Hay necesidad de limitar, de domesticar los términos inmensos. Granada no puede salir de su casa. No es como las otras ciudades que están a la orilla del mar o de los grandes ríos, que viajan y vuelven enriquecidas con lo que han visto. Granada, solitaria y pura, se achica, ciñe su alma extraordinaria y no tiene más salida que su alto puesto natural de estrellas. Por eso, porque no tiene sed de aventuras, se dobla sobre sí misma y usa del diminutivo para recoger su imaginación, como recoge su cuerpo para evitar el vuelo excesivo y armonizar sobriamente sus arquitecturas interiores con las vivas arquitecturas de la ciudad. Por eso la estética genuinamente granadina es la estética del diminutivo, la estética de las cosas diminutas. Las creaciones justas de Granada son el camarín y el mirador de bellas y reducidas proporciones. Así como el jardín pequeño y la estatua chica. Lo que se llaman escuelas granadinas son núcleos de artistas que trabajan con primor obras de pequeño tamaño. No quiere esto decir que limiten su actividad a esta clase de trabajo; pero, desde luego, es lo más característico de sus personalidades. Se puede afirmar que las escuelas de Granada y sus más genuinas representantes son preciosistas. La tradición del arabesco de la Alhambra, complicado y de pequeño ámbito, pesa en todos los grandes artistas de aquella tierra. El pequeño palacio de la Alhambra, palacio que la fantasía andaluza vio mirando con los gemelos al revés, ha sido siempre el eje estético de la ciudad. Parece que Granada no se ha enterado de que en ella se levantan el palacio de Carlos V y la dibujada catedral. No hay tradición cesárea ni tradición de haz de columnas. Granada todavía se asusta de su gran torre fría y se mete en sus antiguos camarines, con una maceta de arrayán y un chorro de agua helada, para labrar en dura madera pequeñas torres de marfil. La tradición renacentista, con tener en la urbe bellas muestras de su actividad, se despega, se escapa o, burlándose de las proporciones que impone la época, construye la inverosímil torrecilla de Santa Ana: torre diminuta, más para palomas que para campanas, hecha con todo el garbo y la gracia antigua de Granada. En los años en que renace el arco del triunfo, labra Alonso Cano sus virgencitas, preciosos ejemplares de virtud y de intimidad. Cuando el castellano es apto para describir los elementos de la Naturaleza y flexible hasta el punto de estar dispuesto para las más agudas construcciones místicas, tiene Fray Luis de Granada delectaciones descriptivas de cosas y objetos pequeñísimos. Es Fray Luis quien, en la Introducción al símbolo de la fe, habla de cómo resplandece más la sabiduría y providencia de Dios en las cosas pequeñas que en las grandes. Humilde y preciosista, hombre de rincón y maestro de miradas, como todos los buenos granadinos. En la época en que Góngora lanza su proclama de poesía pura y abstracta, recogida con avidez por los espíritus más líricos de su tiempo, no podía Granada permanecer inactiva en la lucha que definía una vez más el mapa literario de España. Soto de Rojas abraza la estrecha y difícil regla gongorina; pero, mientras el sutil cordobés juega con mares, selvas y elementos de la Naturaleza, Soto de Rojas se encierra en su Jardín para descubrir surtidores, dalias, jilgueros y aires suaves. Aires moriscos, medio italianos, que mueven todavía sus ramas, frutos y boscajes de su poema. En suma: su característica es el preciosismo granadino. Ordena su naturaleza con un instinto de interior doméstico. Huye de los grandes elementos de la Naturaleza, y prefiere las guirnaldas y los cestos de frutas que hace con sus propias manos. Así pasó siempre en Granada. Por debajo de la impresión renacentista, la sangre indígena daba sus frutos virginales. La estética de las cosas pequeñas ha sido nuestro fruto más castizo, la nota distinta y el más delicado juego de nuestros artistas. Y no es obra de paciencia, sino obra de tiempo; no obra de trabajo, sino obra de pura virtud y amor. Esto no podía suceder en otra ciudad. Pero sí en Granada. Granada es una ciudad de ocio, una ciudad para la contemplación y la fantasía, una ciudad donde el enamorado escribe mejor que en ninguna otra parte el nombre de su amor en el suelo. Las horas son allí más largas y sabrosas que en ninguna otra ciudad de España. Tiene crepúsculos complicados de luces constantemente inéditas que parece no terminarán nunca. Sostenemos con los amigos largas conversaciones en medio de sus calles. Vive con la fantasía. Está llena de iniciativas, pero falta de acción. Sólo en la ciudad de ocios y tranquilidades puede haber exquisitos catadores de aguas, de temperaturas y de crepúsculos, como los hay en Granada. El granadino está rodeado de la naturaleza más espléndida, pero no va a ella. Los paisajes son extraordinarios; pero el granadino prefiere mirarlos desde su ventana. Le asustan los elementos y desprecia el vulgo voceador, que no es de ninguna parte. Como es hombre de fantasía, no es, naturalmente, hombre de valor. Prefiere el aire suave y frío de su nieve al viento terrible y áspero que se oye en Ronda, por ejemplo, y está dispuesto a poner su alma en diminutivo y traer al mundo dentro de su cuarto. Sabiamente se da cuenta de que así puede comprender mejor. Renuncia a la aventura, a los viajes, a las curiosidades exteriores; las más veces renuncia al lujo, a los vestidos, a la urbe. Desprecia todo esto y engalana su jardín. Se retira consigo mismo. Es hombre de pocos amigos. (¿No es proverbial en Andalucía la reserva de Granada?) De esta manera mira y se fija amorosamente en los objetos que lo rodean. Además, no tiene prisa. Quizá por esta mecánica los artistas de Granada se hayan deleitado en labrar cosas pequeñas o describir mundos de pequeño ámbito. Se me puede decir que éstas son las condiciones más aptas para producir una filosofía. Pero una filosofía necesita una constancia y un equilibrio matemático, bastante difícil en Granada. Granada es apta para el sueño y el ensueño. Por todas partes limita con lo inefable. Y hay mucha diferencia entre soñar y pensar, aunque las actitudes sean gemelas. Granada será siempre más plástica que filosófica. Más lírica que dramática. La sustancia entrañable de su personalidad se esconde en los interiores de sus casas y de su paisaje. Su voz es una voz que baja de un miradorcillo o sube de una ventana oscura. Voz impersonal, aguda, llena de una inefable melancolía aristocrática. Pero ¿quién la canta? ¿De dónde ha salido esa voz delgada, noche y día al mismo tiempo? Para oírla hay necesidad de entrar en los pequeños camarines, rincones y esquinas de la ciudad. Hay que vivir su interior sin gente y su soledad ceñida. Y lo más admirable: hay que hurgar y explorar nuestra propia intimidad y secreto, es decir, hay que adoptar una actitud definidamente lírica. Hay necesidad de empobrecerse un poquito, de olvidar nuestro nombre, de renunciar a eso que han llamado las gentes personalidad. Todo lo contrario que Sevilla. Sevilla es el hombre y su complejo sensual y sentimental. Es la intriga política y el arco de triunfo. Don Pedro y Don Juan. Está llena de elemento humano, y su voz arranca lágrimas, porque todos la entienden. Granada es como la narración de lo que ya pasó en Sevilla. Hay un vacío de cosa definitivamente acabada. Comprendiendo el alma íntima y recatada de la ciudad, alma de interior y jardín pequeño, se explica también la estética de muchos de nuestros artistas más representativos y sus característicos procedimientos. Todo tiene por fuerza un dulce aire doméstico; pero, verdaderamente, ¿quién penetra esta intimidad? Por eso, cuando en el siglo XVII un poeta granadino, don Pedro Soto de Rojas, de vuelta de Madrid, lleno de pesadumbre y desengaños, escribe en la portada de un libro suyo estas palabras: "Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos», hace, a mi modo de ver, la más exacta definición de Granada: Paraíso cerrado para muchos.

Granada: Paraíso cerrado para muchos
Federico García Lorca, Poeta
Andaluz, de Granada


Fotografía: Carril de la Lona
Autor: Landahlauts

jueves, mayo 12

Una ciudad llena de poesía...

Para Siempre... Enrique Morente

Esa voz que se juega la vida
esos ojos llenando el vacío
esos dedos hurgando en la herida
esa liturgia del escalofrío

Ese orgullo que pide disculpas
ese sentarse para estar erguido
ese añejo sabor de la pulpa
visceral del limón del olvido

Esa revolución de la amargura
ese inventario de la mala suerte
ese tratado de la desmesura

Ese como, ese que, ese hasta cuando
ese pulso ganado a la muerte
ese Enrique Morente cantando

 Poema: A Enrique Morente
 Año: 1999 (Séptimo de Caballería, TVE)
Autor: Joaquín Sabina


El Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada sigue llenando de poesía nuestra ciudad...

El ayudante del kiosquero

El guardián de las revistas 

Ahí está él, parece el guardaespaldas de chicas sonrientes de las portadas. ¿O quizás está pendiente de que nadie se lleve las revistas del kiosco sin pagar? En cualquier caso tiene muy asumido su papel, no hay duda de que se lo toma muy en serio... 

Fotografía: El guardián de las revistas 
Autor: Landahlauts

miércoles, mayo 11

La historia de los vencedores

Hace unos días, en el colegio de mis hijos (un centro privado concertado) se celebró "El Día del Centro". Es una festividad anual, un día especial en el que los padres acudimos al colegio con nuestros hijos: los niños y niñas preparan actuaciones musicales o teatrales, se entregan los premios de varias competiciones deportivas, hay talleres diversos donde puedes aprender a preparar esencias o a hacer un cesto de mimbre, así como otras actividades diversas (tiro con arco, castillos hinchables, mercadillo de libros de ocasión etc.). Es una magnífica iniciativa porque sirve para acercar el colegio a los padres y viceversa.

Este año la festividad del "Día del Centro" fue especial: todos los actos giraraban en torno a un tema común: la Edad Media. Así, los profesores iban vestidos de la época medieval, los niños actuaron disfrazados de caballeros y las niñas disfrazadas de damas. La música, buena parte de ella, era de época y el centro se revistió de papel kraft pintado por los alumnos y simulando las paredes y el interior de un castillo (quedó francamente bien). 

El Día del Centro

En unos murales, unas tablas cronológicas nos recordaban que en el 878 Wifredo el Velloso unificó el condado de Barcelona, que en 1412 los Trastámara ocuparon el trono aragonés, que en 1273 se creó la Mesta... o que el Carrillón Martillo era "un instrumento formado por varias campanas en forma de tulipa que se tocaba con un martillo". A su alrededor niños, niñas, profesores, profesoras y algún que otro papá y mamá vestidos de reyes, reinas, caballeros, frailes... Ni una sola referencia a la Andalucía Islámica, a Al-Andalus, ni un disfraz de califa, ni de almohade, ni una alcazaba, ni una mezquita, ni un poema de Ibn al-Jatib, ni una frase de Averroes, ni una nuba andalusí... nada.

Decididamente, la historia la escriben los vencedores. Así pues:

¡Larga vida a vuestro rey Wifredo el Velloso!

Fotografía: El Día del Centro
Autor: Landahlauts

Ciencia, estupidez, riqueza y pobreza

Tratado de matemáticas, del granadino al-Qalsadi (siglo XIV

«Cuatro cosas no pueden ser escondidas durante largo tiempo: la ciencia, la estupidez, la riqueza y la pobreza»

(Córdoba, 1126 – Marrakech, 1198) 
Filósofo y médico andaluz, de Córdoba, 
maestro de filosofía y leyes islámicas,
matemáticas, astronomía y medicina.


Autor: Landahlauts 
Fundación El Legado Andalusí

lunes, mayo 9

Rompiendo barreras

Hace poco más de un año, el 15 de abril de 2010, en La Arbonaida referí la contradicción que suponía que  la Caixa, supuestamente sensible en la integración de personas con discapacidad, tuviera una oficina como esta de Granada, totalmente inaccesible. La entrada se titulaba "Borja y la Caixa" y si os interesa leerla, lo podéis hacer aquí.

la Caixa, Parlem d'integració?

Supongo que nada tuvo que ver esa entrada con lo sucedido pero, lo cierto es que hoy he pasado por delante de esa Oficina 2558 "Carretera de Jaén", y: 

Rompiendo barreras....

he visto que se han hecho una serie de rampas para dejar la oficina accesible a todos los clientes. Justo es que si en aquella ocasión critiqué la inaccesibilidad de la oficina, hoy muestre que, afortunadamente, se ha subsanado y cualquier persona puede entrar a ella a pedir una hipoteca, una tarjeta de crédito o un almanaque de esos que regalaban a principios de año. Enhorabuena pues. 

Nota: Por si alguien ve en esta entrada un atisbo de peloteo a la Caixa... quiero dejar claro lo siguiente: no soy cliente de la Caixa ni tengo intención de serlo en un futuro lejano.... ¡¡lo siento!!! :)

Fotografía -2-: Rompiendo barreras
Autor: Landahlauts

domingo, mayo 8

Pisando césped ajeno....

Sí, ya sé: estamos ante una actitud sancionable, según el Capítulo 3 de la Ordenanza de Uso y Protección de Zonas Ajardinadas del Ayuntamiento de Granada

En el parque

Pero ¿y lo bien que sienta quitarse los zapatos y disfrutar de un bocata sentado sobre el césped del Parque García Lorca un mediodía de primavera? 

Es que las clases medias somos asi, por no tener, no tenemos ni césped... ni respeto por la propiedad pública...

Fotografía: En el parque
Autor: Landahlauts