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miércoles, mayo 11

La historia de los vencedores

Hace unos días, en el colegio de mis hijos (un centro privado concertado) se celebró "El Día del Centro". Es una festividad anual, un día especial en el que los padres acudimos al colegio con nuestros hijos: los niños y niñas preparan actuaciones musicales o teatrales, se entregan los premios de varias competiciones deportivas, hay talleres diversos donde puedes aprender a preparar esencias o a hacer un cesto de mimbre, así como otras actividades diversas (tiro con arco, castillos hinchables, mercadillo de libros de ocasión etc.). Es una magnífica iniciativa porque sirve para acercar el colegio a los padres y viceversa.

Este año la festividad del "Día del Centro" fue especial: todos los actos giraraban en torno a un tema común: la Edad Media. Así, los profesores iban vestidos de la época medieval, los niños actuaron disfrazados de caballeros y las niñas disfrazadas de damas. La música, buena parte de ella, era de época y el centro se revistió de papel kraft pintado por los alumnos y simulando las paredes y el interior de un castillo (quedó francamente bien). 

El Día del Centro

En unos murales, unas tablas cronológicas nos recordaban que en el 878 Wifredo el Velloso unificó el condado de Barcelona, que en 1412 los Trastámara ocuparon el trono aragonés, que en 1273 se creó la Mesta... o que el Carrillón Martillo era "un instrumento formado por varias campanas en forma de tulipa que se tocaba con un martillo". A su alrededor niños, niñas, profesores, profesoras y algún que otro papá y mamá vestidos de reyes, reinas, caballeros, frailes... Ni una sola referencia a la Andalucía Islámica, a Al-Andalus, ni un disfraz de califa, ni de almohade, ni una alcazaba, ni una mezquita, ni un poema de Ibn al-Jatib, ni una frase de Averroes, ni una nuba andalusí... nada.

Decididamente, la historia la escriben los vencedores. Así pues:

¡Larga vida a vuestro rey Wifredo el Velloso!

Fotografía: El Día del Centro
Autor: Landahlauts

sábado, marzo 28

Unión contra natura

Winston Smith, el eficiente funcionario de 1984, se encuentra estos días muy atareado en su cuchitril del Ministerio de la Verdad: anda reescribiendo los capítulos en los que PP y PSOE aparecen como enemigos políticos irreconciliables. Al menos en Euskal Herria, ahora deben de aparecer como amigables colegas que jamás han tenido diferencias relevantes. "PP y PSOE sellaron ayer el pacto que permitirá abrir un nuevo ciclo en Euskadi" "Un nuevo ciclo". Con expresiones como esta (que apareció en el diario Público hace un par de días) se recoge en la prensa la alianza entre PSOE y PP en Euskadi. Lees esto, piensas, y te das cuenta de que, si un servidor fuera vasco y además votante del PSOE o del PP, se sentiría engañado y estafado. Y me sentiría así al ver como estos partidos, pisoteando su supuesta ideología y traicionando a sus votantes y militantes, son capaces de aliarse con la finalidad última de sacar del gobierno al PNV y hacerse con los mandos de la lehendakaritza. Porque, en realidad, ¿qué los une?. Sólo la ambición por el poder, el interés en gobernar, su españolismo y un enemigo común (el PNV y todo el nacionalismo vasco). Esta amalgama de intereses y fobias son las que han dado vida a ese engendro contra natura que es el Frente españolista PP-PSOE, a ese matrimonio de conveniencia entre López y Basagoiti. Por cierto: el mismo Frente españolista que promueve la ilegalización de partidos políticos por su ambigüedad en el tema de la violencia, pero permite que en el Estado español sean legales partidos como Falange Española de las JONS, de clara inspiración y trayectoria fascista; y con una dilatada y sangrienta trayectoria desde su fundación, en 1933.
Con su pan se lo coman.

domingo, enero 11

La ministra, el locutor y la colaboradora

Desigual

Siempre me ha gustado escuchar la radio. Y, aunque he tenido preferencias, con la radio me ocurre como con la prensa: me gusta escuchar emisoras de cualquier tendencia para poder contrastar opiniones y sacar mis propias conclusiones.

Hace unos días, escuchaba a Carlos Herrera en su programa de Onda Cero Radio llamado "Herrera en la Onda".

Carlos Herrera es esa cumbre del periodismo patrio que cada mañana nos regala su inigualable magisterio. Todo un ejemplo de coherencia identitaria: él es tan andaluz, tan de Almería y tan de pura cepa, que ha logrado el milagro metafísico de borrar de su biografía civil el molesto detalle de haber nacido en Mataró. Porque un prócer de Onda Cero no nace donde dice el registro, sino donde le sale de los bemoles y donde mejor combine con un buen gazpacho y un traje de lino.

Su estilo frente al micrófono es un monumento a la sofisticación. Sus mañanas son un festival de chascarrillos fachones, servidos con esa condescendencia tan rancia como entrañable, ideal para escandalizar a "progres" y deleitar a su fiel parroquia. Y cómo olvidar su indiscutible maestría en el humor más elevado: sus célebres gracias escatológicas. Nadie como él para fusionar el análisis de la geopolítica internacional con una alusión de trazo grueso al bajo vientre o al noble arte de la evacuación, demostrando que la finura y el mal gusto más rústico pueden convivir perfectamente si se adornan con buena música y tono de galán de sobremesa. Un titán de las ondas, sin duda.

No sé si lo han notado, pero lo cierto es que Carlos Herrera no es santo de mi devoción. Aunque reconozco que puede resultar ocurrente e ingenioso, me molesta su recurso sistemático al chascarrillo simplón, al chiste fácil y, con demasiada frecuencia, a lo escatológico y el mal gusto. Tampoco soporto ese patriotismo suyo, tan básico como casposo. Aquí en Andalucía tuvimos que sufrirlo en Canal Sur durante demasiado tiempo, tanto en la radio como en la televisión. Sospecho que su incorporación a la cadena pública autonómica tuvo mucho que ver con ese falseado origen andaluz de su relato: mientras sus "biógrafos oficiales" se empeñan en que nació en Cuevas del Almanzora, su propia madre, Blanca Crusset, ha reconocido abiertamente que es natural de Barcelona.

Recuerdo perfectamente un episodio en su programa que ilustra a la perfección su catadura. Herrera saludaba en directo a una colaboradora, Beatriz Ramos Puente, que se reincorporaba tras una baja por maternidad. Con su habitual tono jocoso, le reprochó que hubiera encadenado sus vacaciones con el permiso de maternidad. Era el típico comentario lanzado "medio en broma, medio en serio", esa sutil estrategia que enmascara una crítica morder bajo la apariencia de un chiste. No me pareció en absoluto apropiado que un comunicador con semejante altavoz mediático soltara algo así; fue un comentario profundamente machista, fuera de lugar y, sobre todo, fuera de época.

Herrera tiene pleno derecho a tener su propia opinión y a expresarla. Sin embargo, de ahí a reprocharle en directo a una trabajadora el legítimo disfrute de sus derechos laborales media un abismo. Si este señor está en contra de las bajas por maternidad, de las vacaciones o de cualquier otra conquista social en la Europa del siglo XXI, tal vez debería fijar su residencia en algún país de Asia o África donde la mano de obra sea un mero engranaje en la cadena de producción, carente de derechos. Y, por supuesto, predicar con el ejemplo absteniéndose de disfrutarlos tanto él como su señora esposa.

Con comunicadores de este calibre marcando el tono, no es de extrañar que luego se generen polémicas tan absurdas y machistas como el debate sobre si el diseño de Purificación García que vestía la ministra de Defensa era o no adecuado para la celebración de la Pascua Militar.


Fotografía: Moda
Autor: Landahlauts

jueves, febrero 9

Andalucía: el País de Nunca Jamás

«En las reformas estatutarias no he sido ni catalanista ni andalucista, sino español»

Manuel Chaves González.
Presidente de la Junta de Andalucía

Respecto a este titular sacado de una entrevista a D. Manuel Chaves González, español de Ceuta y Presidente de la Junta de Andalucía, se me ha venido a la cabeza una frase del Doctor Pedro Vallina, andaluz de Guadalcanal (Sevilla), que decía así:

"Los políticos españoles nunca han sido gentes de ideales, cuando un político español actúa por el bien común, es que no tiene más opción. Por naturaleza defienden los intereses del grupo que los ha colocado en el poder. En España, el poder se compra o se ejercita, no hay otra"


Hace años que muchos andaluces respetamos a D. Manuel Chaves por lo que representa, no por lo que dice y mucho menos por lo que hace.