En los años de la burbuja inmobiliaria, los ayuntamientos de nuestro país nadaron en la abundancia. Contaban con un presupuesto elevado que permitía arreglar calles y plazas, organizar fiestas, romerías, paellas gigantes... había incluso, para que alcaldes y/o concejal con pocos principios "metieran la mano en el cajón" y se llevara un complemento para casa.
Al llegar los tiempos de crisis, de "vacas flacas", los presupuestos de los ayuntamientos han mermado considerablemente. Acabó la alegría en el gasto, ahora es tiempo de mirar muy bien en qué se gasta el dinero para contentar a los votantes satisfacer las necesidades de todos los ciudadanos.
Y claro, ocurre algo parecido a cuando, en invierno, tratas de dormir tapándote con una sábana muy corta: si te tapas los hombros, dejas al descubierto los pies y se enfrían... y si bajas la sábana para tener calentitos los pies... quedan frios los hombros.
Hace meses, algunos se quejaban, con cierta sorna, de la inexistencia de alumbrado extraordinario navideño...
...pero ahora tienen una agradable piscina municipal. Otros, tuvieron alumbrado navideño, pero...
... el verano se les está haciendo muuuy laaargo y caluroso.
¡Qué difícil es contentar a todo el mundo! Sobre todo cuando la sábana es corta...