viernes, noviembre 3
lunes, enero 28
Las mujeres y la fregona
viernes, mayo 4
Regalos para las mamás....
domingo, marzo 13
Amor entre iguales
miércoles, noviembre 25
La mala bestia
jueves, noviembre 12
Exquisito respeto
miércoles, abril 15
La desvalida doncella
domingo, enero 11
La ministra, el locutor y la colaboradora

Hace unos días, escuchaba a Carlos Herrera en su programa de Onda Cero Radio llamado "Herrera en la Onda".
Carlos Herrera es esa cumbre del periodismo patrio que cada mañana nos regala su inigualable magisterio. Todo un ejemplo de coherencia identitaria: él es tan andaluz, tan de Almería y tan de pura cepa, que ha logrado el milagro metafísico de borrar de su biografía civil el molesto detalle de haber nacido en Mataró. Porque un prócer de Onda Cero no nace donde dice el registro, sino donde le sale de los bemoles y donde mejor combine con un buen gazpacho y un traje de lino.
Su estilo frente al micrófono es un monumento a la sofisticación. Sus mañanas son un festival de chascarrillos fachones, servidos con esa condescendencia tan rancia como entrañable, ideal para escandalizar a "progres" y deleitar a su fiel parroquia. Y cómo olvidar su indiscutible maestría en el humor más elevado: sus célebres gracias escatológicas. Nadie como él para fusionar el análisis de la geopolítica internacional con una alusión de trazo grueso al bajo vientre o al noble arte de la evacuación, demostrando que la finura y el mal gusto más rústico pueden convivir perfectamente si se adornan con buena música y tono de galán de sobremesa. Un titán de las ondas, sin duda.
No sé si lo han notado, pero lo cierto es que Carlos Herrera no es santo de mi devoción. Aunque reconozco que puede resultar ocurrente e ingenioso, me molesta su recurso sistemático al chascarrillo simplón, al chiste fácil y, con demasiada frecuencia, a lo escatológico y el mal gusto. Tampoco soporto ese patriotismo suyo, tan básico como casposo. Aquí en Andalucía tuvimos que sufrirlo en Canal Sur durante demasiado tiempo, tanto en la radio como en la televisión. Sospecho que su incorporación a la cadena pública autonómica tuvo mucho que ver con ese falseado origen andaluz de su relato: mientras sus "biógrafos oficiales" se empeñan en que nació en Cuevas del Almanzora, su propia madre, Blanca Crusset, ha reconocido abiertamente que es natural de Barcelona.
Recuerdo perfectamente un episodio en su programa que ilustra a la perfección su catadura. Herrera saludaba en directo a una colaboradora, Beatriz Ramos Puente, que se reincorporaba tras una baja por maternidad. Con su habitual tono jocoso, le reprochó que hubiera encadenado sus vacaciones con el permiso de maternidad. Era el típico comentario lanzado "medio en broma, medio en serio", esa sutil estrategia que enmascara una crítica morder bajo la apariencia de un chiste. No me pareció en absoluto apropiado que un comunicador con semejante altavoz mediático soltara algo así; fue un comentario profundamente machista, fuera de lugar y, sobre todo, fuera de época.
Herrera tiene pleno derecho a tener su propia opinión y a expresarla. Sin embargo, de ahí a reprocharle en directo a una trabajadora el legítimo disfrute de sus derechos laborales media un abismo. Si este señor está en contra de las bajas por maternidad, de las vacaciones o de cualquier otra conquista social en la Europa del siglo XXI, tal vez debería fijar su residencia en algún país de Asia o África donde la mano de obra sea un mero engranaje en la cadena de producción, carente de derechos. Y, por supuesto, predicar con el ejemplo absteniéndose de disfrutarlos tanto él como su señora esposa.
Con comunicadores de este calibre marcando el tono, no es de extrañar que luego se generen polémicas tan absurdas y machistas como el debate sobre si el diseño de Purificación García que vestía la ministra de Defensa era o no adecuado para la celebración de la Pascua Militar.
Fotografía: Moda
Autor: Landahlauts
jueves, diciembre 13
Nobles destinos

«A la madre española, pura de pensamiento, casta de cuerpo, discreta y prudente, suavemente enérgica, piadosamente caritativa, modesta e inteligente, sumisa pero digna, señora siempre, debe nuestra Patria su característica moral, sus usos y costumbre, su modo de ser y de sentir íntimo, pues ella tiene la importante y trascendental misión de inculcar en la juventud grandes ideales, percepción clara de los hechos, honrado sentir de los afectos, y de tallar su carácter a suaves golpes de cincel para formar hombres nobles, valerosos y patriotas con suficiente espíritu de sacrificio para ofrecer la vida por la Patria, si así lo exigen las circunstancias.»
