Hace unos años, cuando mi hija de siete años se acercaba a una puerta de apertura automática nunca se abrían. Era algo que le molestaba considerablemente, y más, a partir de que le explicara que la puerta no se abría porque era demasiado pequeña para activar el dispositivo de apertura (bueno, no se lo expliqué así, claro...).
Hoy (8 de marzo) me mostraba, llena de orgullo, como las puertas automáticas ya sí se abren a su paso.
Aquella puerta que permanecía cerrada tenía un motivo lógico: era por seguridad. Espero que, a lo largo de su vida, esa sea la única puerta que permanezca cerrada ante ella.
Ni ante ella, ni ante ninguna mujer, por el hecho de serlo.
Hoy (8 de marzo) me mostraba, llena de orgullo, como las puertas automáticas ya sí se abren a su paso.
Aquella puerta que permanecía cerrada tenía un motivo lógico: era por seguridad. Espero que, a lo largo de su vida, esa sea la única puerta que permanezca cerrada ante ella.
Ni ante ella, ni ante ninguna mujer, por el hecho de serlo.
Fotografía: Tarde de Verano en Nívar
Autor: Landahlauts




