jueves, septiembre 7
Arctic Monkeys
miércoles, septiembre 6
La calle donde vivo -II-
Ayer pudimos leer. En las inmediaciones de mi calle también se encuentran delegaciones comerciales de grandes empresas, algunas de las sedes de consejerías y de ministerios, muchas oficinas bancarias y el Palacio de Justicia. No hace mucho tiempo que vivo aquí, un par de años, todo lo más. Sin embargo, a veces tengo la sensación de que este ha sido mi hogar siempre, de hecho, no guardo demasiados recuerdos de mi anterior domicilio. Tampoco es que ello me preocupe demasiado. Sí recuerdo, por ejemplo, que no disfrutaba de un ventanal tan amplio como el que tengo aquí. Y, es que, no sé si os lo he dicho: el principal atractivo que tiene mi hogar es el ventanal, fue algo que me deslumbró al llegar. Es un enorme ventanal que, a modo de pantalla de televisión, me muestra el mundo en directo para mí. Gracias a él no me pierdo detalle alguno de la vida que transcurre en mi entorno, hurgo en las vidas de mis vecinos con total impunidad, desde la comodidad de casa. La jornada en mi calle comienza pronto. Horas antes de amanecer mi calle es barrida y regada con empeño y dedicación. Los trabajadores del servicio de limpieza se afanan en que todo quede limpio como la patena. Mientras ellos trabajan, y precedidos de cantos y voces, puede aparecer algún que otro grupo de muchachos que vuelven de cerrar algún pub de moda con muchas copas de más. El resto de los sonidos del amanecer lo ponen los vencejos con su ruido estridente, y el tráfico. La avenida cercana comienza a esas horas a cubrirse de coches y autobuses, tantos, que resultará difícil volver a ver el asfalto hasta que no finalice el día. La calle huele a esas horas a limpio, a zotal y al aire fresco del amanecer. Poco a poco, comienzan a verse las personas que acuden al trabajo. Se mezclan así los funcionarios, con los empleados de banca y con los ejecutivos. Todos llevan prisa, todos cruzan la calle y entran o salen del bar apresurados. Algunos de ellos, encogidos, tratan de cruzarse el cuello del traje sobre el pecho para evitar que el frío siga traspasando el lino de su elegante Hugo Boss de entretiempo. Ahora la mañana huele a colonia cara, a perfume francés, a mantequilla tibia y a café recién hecho de la Cafetería Gibalto. De vez en cuando, también se puede notar el olor de algún cigarrillo que alguien apura con avidez mientras tose de modo estridente. En su pensamiento estará la idea de que debería de dejar de fumar, un pensamiento animado por la tos, aunque carente de convencimiento. Continuará... © Landahlauts, Andalucía 2006
Ne va plus
Highway to Hell.
martes, septiembre 5
La calle donde vivo - I -
Me gusta mi calle. Viviendo aquí me siento feliz. En mi calle puedo contemplar el lento transcurrir de los días, las salidas y las entradas de mis convecinos, el paso de la gente y sus prisas, puedo percibir sus olores, escuchar sus sonidos... Esta es una calle céntrica, peatonal. En ella hay boutiques lujosas que venden las creaciones de conocidísimos modistos nacionales y extranjeros, con dependientas exuberantes que atienden con una medida indiferencia. También hay una enorme tienda de Zara que ocupa una manzana entera. Es una tienda concurridísima. En sus estanterías se acumula montones de trapitos que la gente desordena. Mientras, las vendedoras, con actitud indolente, tratan de doblarlos y organizarlos una y otra vez. En las cajas se forman colas interminables de jovencitas preadolescentes que esperan su turno para pagar camisas, tops o faldas de última moda y de dudoso gusto. Mientras aguardan, miran con un reojo maleducado la compra de chicas cercanas. Viéndolas siempre recuerdo esa mirada inquisitorial y descarada de la policía en las aduanas. Indiferentes, ellas esperan hasta que es su turno para pagar. Al salir, como una continuación del ritual, dirigirán sus pasos al cercano McDonalds donde comerán con desgana medio menú infantil con Coca-Cola Light, mientras charlotean alegremente con sus amigas. Cuando las contemplo, todas iguales, todas vestidas con sus trapitos de Zara pienso en una de esas paradojas que nos da la vida. Aquella uniformidad en el vestuario, tan deseada por los regímenes comunistas, la hemos conseguido aquí gracias a una multinacional en la Europa del siglo XXI. Y, además, con trapitos hechos por orientales en condiciones de semiesclavitud. Acojonante. Continuará...
Monaguillos provocadores.
Recordare.
Alfredo Lora Rubio In Memoriam
Recordare, Jesu pie, / quod sum causa tuae viae; / ne me perdas illa die. / Quaerens me sedisti lassus, / redemisti crucem passus; / tantus labor non sit cassuc. / Juste judex ultionis, / donum fac remissionis, ante diem rationis.
lunes, septiembre 4
La España Excluyente
Todavía se habla de que los españoles expulsaron a los judíos y a los moros. No dicen españoles cristianos expulsaron a españoles moriscos y a españoles judíos. A partir de ahí, esos españoles tradicionalistas han ido expulsando a los protestantes, a los ilustrados, a los liberales, a los republicanos, a los masones, a los anarquistas... España es el resultado de este perpetuo ciclo de exclusión. Más grave aún es la creencia de que puede haber culturas puras. Una cultura es la suma de las influencias exteriores que recibe. Una cultura tiene mayor salud cuanto más se interesa por otras culturas y las incorpora. La búsqueda de la pureza cultural siempre precede al derrumbe. Juan Goytisolo Diario "Ideal" 24/01/99








