viernes, junio 30

Amanece, que no es poco

Sol entre nubes
Le gustaba levantarse antes de que saliera el sol. Podía parecer extraño hacer algo así estando de vacaciones en la playa y más, después de un largo año de madrugones monótonos para ir a trabajar. Pero disfrutaba haciéndolo. Conseguía así unos instantes de plena soledad en los que disfrutar de un par de horas sin hablar con nadie. No tenía que mostrarse cortés, ni educado, ni tenía estar pendiente de nadie. Eso le relajaba.

Había, además, otra motivación, la más importante: el mar.

El mar, la mar, ejercía sobre él una fascinación infinita, un sentimiento que podía parecer impropio de una persona nacida tierra adentro. Siempre que podía acudía a visitarlo, como el amante que roba instantes para dedicárselos a la amada.

Así, siempre que estaban cerca de la playa, se despertaba con los primeros resplandores del día. Al hacerlo sentía ese nervioso que tenía de niño cuando iba a hacer algún viaje o excursión. Se levantaba, se vestía y salía furtivamente hacia la calle. Allí, aspiraba profundamente la primera bocanada del aire fresco de la mañana.

Comenzaba de este modo un protocolo que, como si fuera una oración, repetía todas las mañanas. Era su particular manera de agradecer que estaba vivo.

Y comenzaba a correr. Y corría por la playa, avanzando con paso firme y decidido. Mientras, las olas suaves del amanecer rompían entre sus pies. Corría hasta que sentía bullir la sangre en su cuello, en sus sienes... mientras su corazón y sus pies marcaban el ritmo incensante.

A su alrededor, la vida en torno a la playa se despertababa. Los operarios del servicio de limpieza se afanaban en limpiar la playa: reponían las bolsas en los contenedores y recogían alguna que otra sombrilla rota o lata de refresco vacía que había quedado semi enterrada en la arena. Podías encontrar a alguna que otra pareja que, escondidas entre las hamacas de alquiler, desahogaban frenéticamente el deseo acumulado durante toda la noche. Estaban también los jóvenes solitarios, aquellos que habían tenido menos suerte, como aquel que, adormilado por los efectos del alcohol, yacía inmóvil sobre la arena, mientras la humedad se apoderaba de sus huesos. O aquel otro que, unos metros más allá, desahogaba su frustración pateando una papelera mientras gritaba palabras incoherentes.

Y había viejos. Muchos viejos. Alguna vez se había preguntado qué llevaba a los viejos a madrugar tanto. Aparte, claro, de su particular idea de vida sana, esa que les obligaba a caminar con cierto aire marcial por la playa y el paseo de un lado a otro. Pero, por lo demás, ¿por qué esa prisa por levantarse?. ¿Quizás pensaran que aquel podía ser el último de los días de su vida?, ¿sería ese el motivo de su interés en vivir las veinticuatro horas de aquel día de un modo intenso?

Siempre que veía a aquellos ancianos hacer deporte junto al mar, recordaba esos partidos de fútbol en que, ya en los últimos minutos, los jugadores del equipo perdedor tratan de conseguir una victoria inaccesible. Y lo hace de modo ridículo, apurando sus últimas fuerzas y corriendo detrás de un balón que ya... no alcanzarán.

Pero toda aquella gente no existía para él. Él, corría.

Correr por la playa le relajaba mucho, a pesar de que su ritmo no era para nada relajado. Y a pesar de aquella humedad que le hacía sudar de un modo muy intenso y de la arena, aquella pegajosa arena húmeda que entraba en sus zapatillas. Pero disfrutaba corriendo intensamente. Entonces, cuando ya no podía más, bajaba el ritmo hasta detenerse. Y allí mismo, se desprendía de su ropa y de sus zapatillas y se sumergía en el mar. Era una especie de rito iniciático, un rito para comenzar el día. El agua, fría casi siempre, contraía sus músculos fatigados y le daba una inequivoca sensación de estar vivo. Intensamente vivo.

Luego, al poco rato, salía del mar y se dejaba caer en la arena. Extenuado, pero feliz, resopabla con su cara pegada a la arena. Mientras tanto, los primeros rayos de sol caían sobre su cuerpo. Los primeros bañistas bajaban con sus periódicos a coger una buena ubicación en la playa. Para todos ellos comenzaba un día que él, podía decir que ya había disfrutado. Sonreía, mientras se vestía y se calzaba sus zapatillas.

Y se marchaba.

Fotografía: Sol entre nubes

31 comentarios:

lakenef dijo...

fantastico!!!!

Scemo di legno dijo...

Yo, lo que veo, es que tienes unas ganas de irte de vacaciones que no veas...

Ros dijo...

muy bonito, ese disfrute del momento en soledad cuando nadie parece haber comenzado el día es genial

ana dijo...

para bonito el monigote que se ha plantado Scemo di legno!!!

Landahlauts dijo...

A Lakenef:
Gracias, tu lo leíste "calentito"
Al Scemo:
Ya te digo. :)
A Ros:
... y el mar. Dos pasiones en una. Esa es la mágia del momento.
A Ana:
Creo que está teniendo unos problemas terribles con Disney... me dijo algo de que se lo habían copiado para una película o algo parecido.

Gordito Relleno dijo...

Muy buen relato, sí señor. Y lo mejor es lo que se imagina uno después: un siestón del quince.

Landahlauts dijo...

A Gordito:
Acostarse al amanecer???
A mi se me ocurre mejor un desayuno en condiciones: churros (tejeringos), tostadas, zumo y un café...
Y ducha de agua dulce... que yo soy muy delicado y el salitre me da picores.

La Bicuñada dijo...

Muy bonito. Y que añoranza me produce leer esto ya en estas fechas, cuando ya han pasado esos dias para mí por este verano. Pero bueno, se han disfrutado tanto como el protagonista del relato disfruta del amanecer.

Landahlauts dijo...

A la Bicuñada:
Siento haber puesto esto hoy, día de tu vuelta. No ha habido segunda intención, no me malinterpretes.
Muchas veces los recuerdos son mejores que las vivencias pq entresacas de ellas lo que no te gustó o te aburrió.

Gordito Relleno dijo...

Hombre, la siesta tras el almuerzo. Que digo yo que con la panza llena y después del madrugón y el ejercicio matinal con la ducha de agua dulce, se tiene que quedar el cuerpo de escándalo.

Landahlauts dijo...

Eso sí, una siesta que ayude a digerir los pescaitos de Casa Juan, en la Carihuela, y que te prepare para "afrontar" la tarde-noche como dios manda.

Anónimo dijo...

Me ha encantado, tanto este como "UN DIA NORMAL". Mis felicitaciones.

No te limites a contar tús días.
Haz que tús días cuenten.


La cosina. Besos.

Landahlauts dijo...

Sólo espero que entretenga y deje volar la imaginación... como me pasa a mi cuando lo escribo.

Er Hovensito Frankenstein dijo...

Es ¿Benalmádena?

Er Hovensito Frankenstein dijo...

ah, eso, la opinión.
Pues opino que...

lakenef dijo...

si,es benalmadena,es el paseo maritimo,lo conozco muy bien... :),la de paseos q habré dado yo por ahi....ainssss

Landahlauts dijo...

A Hovensito:
Tendré en cuenta tu valiosa opinión, jejejeje

A Lakenef y Hovensito:
Sí, es Benalmádena. El puerto que se ve es Puerto Marina, el espigón.
Bonito paseo, bonito pueblo.

Tiene en el paseo una cosa curiosa: es un ojo de buey en el suelo, con una baranda alrededor. Detrás del cristal se ve una escultura policromada de un bañista con gafas de bucear. Si te asomas sin saber lo que hay... da un poco de yuyu.

lakenef dijo...

jajajajajaja es verdad,la primera vez q lo vi me pegué un repullo jjajajaja. Aquello es hermoso,y con buena compañia al lado,mucho mas :)

Apus dijo...

ESTÁS LOCO, NO TENÉS QUE ESCRIBIR CUANDO ESTOY CONECTADA, te puedo acusar de bombardeo mensajil.

Landahlauts dijo...

De todos modos... poco voy a durar.
Son las 02:56 A.M., hasta aquí he llegado.
Ahí tiene usted el blog, con los 3 post de hoy calentitos

Landahlauts dijo...

A Lakenef:
Es un muy buen sitio, es cierto

Bahtian dijo...

que bonito, cabrón. ¿para cuando tu primer libro?, ¿me lo firmarás?

lakenef dijo...

sabes cual me gusta mucho tb? salobreña,y una playita q hay en motril q se está en la mismisima gloria :)

Apus dijo...

No se de que playas están hablando pero me gusta tu relato, si tardé es porque lo vi largo y me cuesta leer las cosas largas de entrada :P Necesito "hacerme la idea"

a bahtian: no leiste que no le gustan las dedicatorias escritas en los libros??

Landahlauts dijo...

Aclaración a foráneos:
En esta tierra, Andalucía, tenemos la costumbre de insultar cariñosamente. Puede sonar raro por ello que alguien te diga "cabrón" o "hijoputa" en plan cariñoso. Pues, es así.

A Bahtian:
Como decía el chiste: "¿Cabrón?... ¿Es que sabes algo???... ¿la has visto con alguien?
jejejeje
Que va, Bahtian. Soy persona de una creatividad muy corta: me inspiro pero no para mucho. Podría escribir relatos cortos pero no un libro con varios hilos argumentales y, sobre todo, diálogos... me cuestan mucho.
Dedicatoria? Te dedicaré el siguiente, pierde cuidado.

Landahlauts dijo...

A Lakenef:
Las playas de Granada son muy bonitas también, distintas, pero muy bonitas. Salobreña es una joya.

A Apus:

Benalmádena----> www.benalmadena.com

No me gusta que mis libros estén dedicados, pero puedo dedicar alguno que regale a alguien que no le importe.

lakenef dijo...

a mi me gusta que me dediquen un libro,no se,lo ves no como un simple libro,sino como un objeto que te recuerda a la persona te lo dedica(creo k me he hesho un lio) :P

Koli-Mola dijo...

Las veces que he estado en esas playas no me he fijado he estado pendiente de cosas más importantes.

lakenef dijo...

jajajajajajajaja a saber en lo q estabas pendiente.... :P

Apus dijo...

Si la aclaración era por mí, yo entendí que lo de cabrón era en broma.

Landahlauts dijo...

A Apus:
Sí, por ejemplo por ti.