Visitamos su pueblo, Nigüelas: uno de esos lugares hermosos de la Comarca del Valle de Lecrín, en Andalucía, con poco más de mil habitantes.
Era un hombre mayor. Tomaba el escaso sol de aquel día de primavera junto a un amigo. Tenía esa mirada honda de quien ha vivido mucho y esas manos limpias y curtidas que son la mejor medalla que puede lucir un hombre al final de su vida.
Empezó a hablarnos de su pueblo: de cómo es y de cómo era.
De la pobreza de la posguerra y de la abundancia de hoy.
De lo duro que fue marcharse en los años sesenta, dejando a la familia atrás, para partirse la espalda trabajando en Alemania.
Nos habló de miseria, de esperanza, de trabajo, de lucha, de amor… y de triunfo.
Del triunfo del tesón frente a la adversidad.
A pesar de todos los rincones preciosos que habíamos visto aquel día, las palabras de aquel hombre fueron lo más bello e importante que nos ocurrió.
Deberíamos sentarnos más a menudo a escuchar a los viejos: tienen mucho que contar.