martes, noviembre 29

La vecina en bragas...

Tendedero

Hace unos días, en el patio, mientras tendía la colada, vi a la vecina de enfrente tendiendo también. Vestía una camiseta de manga larga y unas bragas. Y sonrió al saludarme.

Me dió mucha alegría al verla así.

Sí. Sé que dicho así queda un poco "extraño"  pero... dejad que os explique.

Mi vecina tenía un marido que era muy fascista y muy borracho. No sabría decir si era más de lo primero que de lo segundo, o viceversa. Pero de ambas cosas era bastante. Supongo que ella no llevaría especialmente mal que fuera muy fascista, y le incomodaría más que fuera muy borracho. Mi caso era el opuesto. Me molestaba más por fascista. Claro, que no era yo el que esperaba en casa, para verlo entrar como un pelele ridículo harto de copas. Yo sólo sabía que al otro lado del muro, en el piso contiguo, dormía un fascista que, por cuestiones que no vienen al caso, además tenía licencia de armas. Eso era lo que más me inquietaba.

La parca no entiende de ideologías. Así que un buen día, mi vecino el fascista borracho, murió. Y la causa no fue muy original dada su afición desmedida por la bebida: una cirrosis fulminante. De esto hace ya una decena de años.

Ella quedó muy afectada con su muerte. A veces nos acostumbramos a las personas y cuando faltan, es como si se hundiera nuestro mundo. Aunque racionalmente, no los echemos de menos en absoluto, simplemente porque nos hemos acostumbrado a su presencia, como te acostumbras a leer mientras estás sentado en el retrete, o a meterte el dedo en la nariz durante los atascos.

En otras ocasiones el motivo de esa afectación es más trágico aún: "eres mi vida, no podría vivir sin ti"... y resulta que es verdad, que esas personas deciden no ser ya un ser vivo autónomo, sino un organismos dependientes de otro. Esto último es más lamentable aún, aunque esa dependencia sea por amor.

No sé si ella lo echó de menos, ni siquiera tengo la certeza de que él fuera "su vida"... Pero os aseguro que la muerte de su marido le desgarró el alma durante demasiado tiempo.

Eras mi vida....

Así, comenzó a apagarse, lentamente. Yo, al verla, siempre pensaba: "ahora que tiene motivos para vivir, sin que nadie le amargue la vida..." Pero no. Como dirían las personas mayores "se dejó": no cuidaba su aspecto, no se arreglaba, siempre con un chándal oscuro, encerrada en sí misma....

Hace unos días, en el patio, mientras tendía la colada, vi a la vecina de enfrente tendiendo también. Vestía una camiseta de manga larga y unas bragas. Y sonrió al saludarme.

Me dió mucha alegría de verla así... hasta que la vi colgar unos calzoncillos boxer de hombre.

Está bien que mi vecina vuelva a ser feliz. De verdad que me alegro, Y me gusta que se sienta amada y deseada de nuevo. Pero no me gustaría que pensara que "no puede vivir sin él".

Esta vez no, vecina. Puedes vivir, colgando calzoncillos o sin colgarlos... pero recuerda que no eres parte de nadie.

4 comentarios:

Genín dijo...

Parece mentira todo lo que puede comunicar la aparición de unos calzoncillos tendidos por una mujer... :)
Salud

Senior Citizen dijo...

A saber... Conozco una viuda inconsolable, años de negro, luego medio luto, pero confesaba orgullosa que no había tenido problemas con la herencia porque, cuando estaba su marido en la UVI, se fue con sus hijos al banco y pasaron todo el dinero a sus cuentas. ¿No podía vivir sin él... o sin su dinero?

Friné dijo...

El mero hecho de andar en bragas, indica un cambio importante. Si además las cuelga junto a unos calzoncillos... eso es algo muy grande, que usted nos ha contado con mucho sentimiento.
Kissss y Kissss

Senior Citizen dijo...

Vamos a ponernos serios. Yo creo que cuando se quiere a alguien, siempre se es “parte suya”. Y da igual que ese alguien sea padre, madre, hijo, mujer o marido, amigo, amante… El amor, sea del tipo que sea, nos convierte inevitablemente en dependientes de la persona amada. Y eso no es malo, sino que, por el contrario, nos enriquece y nos libra de las depresiones, porque no es una dependencia malsana, sino voluntaria, no es que esa persona nos somete, sino que es tan importante para nosotros que termina siendo más importante que nosotros mismos. Y para ello, volvemos a la autorreferencia…

http://el-macasar.blogspot.com.es/2016/07/dar.html